
Desde hace un tiempo creo que todos los fantasmas y demonios del pasado cercano se han puesto de acuerdo en hacerme pasar algunas horas de mi vida lo más asquerosamente posible. Resulta que de un tiempo a esta parte alquilo un departamento en el primer piso de un barrio popular del oeste neuquino. Donde empieza el oeste. Y mi queridísima vecina ha sido poseída por seres que no la dejan oír bien la música que escucha, por lo tanto lo que escucha se puede despreciar desde varias casas alrededor. Ella alquila debajo de donde estoy y se empecina en que la música que le agrada nos gusta a todos, pero no. Maldita sea, odio el regreso de los Backstreet Boys y de toda la música comercial de esa época. Odio a mi vecina y, ahora, añoro la cumbia de mi ex-vecino del barrio en el que vivía más al oeste de la ciudad. Si bien la cumbia que escuchaba aquel vecino era un poco tediosa, tenía letras que al menos me hacían reír. Hoy sufro de los clásicos del rock-pop de los noventas y todo lo que ello significa lo podrán deducir. Prefiero recordar la música que escuchaba durante mi adolescencia y especialmente con otros vecinos. Con los pibes del barrio.